Daniel, maestro de la luz

El logo del Flash Flash lo dibujó el gran realizador y productor de publicidad Francisco Daniel. Decimos dibujó porque está hecho con plumilla y tiralíneas, un trabajo de precisión con herramientas artesanales.

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"Queridos flasheros, hoy nos comeríamos vuestro hígado"

Texto por Xavier Mas de Xaxàs - El 2021 viene a buscarnos y después de lo que nos ha pasado con el 2020 no tenemos muchas ganas de darle la mano y salir a pasear con él.

Pero aquí está y es inútil resistirse. Aún no dominamos el tiempo para plegarlo a nuestro antojo.

Aunque todo lo malo siempre es susceptible de empeorar, en el Flash Flash ya sabéis que somos inmunes al desaliento y estamos convencidos de que este 2021 va a ser un gran año, no sólo porque domesticaremos a la Covid-19 sino porque iniciaremos un camino que ha de llevarnos a un mundo más justo, igualitario y sostenible.

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El homenaje a la fotografía de Emilio Lecuona

Cuando empezó a alejarse de la pintura y la escultura para caer en manos de la fotografía y el vídeo, el artista Emilo Lecuona no tenía una cámara con cara y ojos, y componía fotograma a fotograma. A esta cadena de imágenes le daba velocidad para obtener una composición animada. Ahora ha recuperado esta técnica para crear el vídeo de los 50 años del Flash Flash y el resultado es la sintetización de todo lo que el restaurante ha representado durante este tiempo. “Quería hacer un homenaje a la fotografía, que yo creo que es una de las esencias del Flash”, explica. “Las imágenes de mi composición pueden entenderse como los sustratos que explican la gran idea que es el Flash”. 

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Flash Flash 50 Aniversario por Lucas Milá

Lucas Milá es un buen dibujante y un buen retratista de la gente común. Le gustan los muros urbanos, lienzos sobre los que plasmar homenajes a héroes cotidianos capaces de cambiar el mundo. 

“Empecé a dibujar desde muy pequeño -explica-. En casa tenía un ambiente creativo maravilloso, todos dibujan y/o diseñan. Mi madre es grafóloga y sabe analizar cómo cada persona construye su propia caligrafía, cosa que me parece fascinante, pues los únicos dibujos que la gran mayoría continúan haciendo durante toda su vida son al escribir a mano. 

Milá se formó primero en Eïna, lueg en el Camberwell College of Art y, por último, en la facultad de Bellas Artes de la Unversidad de Barcelona. Sin embargo, no terminó ninguna de estas carreras. “No acababa de sentirme cómodo en ningún sitio -reconoce-, así que me instalé en una nave industrial en Badalona y empecé a pintar.  Allí comencé a formarme a partir de intercambios con otros artistas y demás oficios. Yo ofrecía lo que sabia y a cambio recibía de ellos muchos conocimientos y trucos de oficio.” 

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La ‘teleputer’ de Jordi Vilajoana

Texto Xavier Mas de Xaxás -  En 1995, cuando el Flash Flash cumplió 25 años, Jordi Vilajoana iniciaba su carrera política de la mano de Convergència i Unió. Acababa de ser nombrado presidente de la Corporació Catalana de Ràdio i Televisió, cargo que ocupó hasta 1999. Luego fue conseller de Cultura, diputado en las Cortes, senador y conseller de Presidència, hasta que se retiró en el 2017.

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Norte. La tortilla filósofa

En julio del 2011 Lara Zaballa y dos socios más abrieron Norte, un pequeño restaurante en el Ensanche de Barcelona. Los tres venían del norte de España y también de Moo, el restaurante con una estrella Michelín que había en el hotel Omm y que gestionaban los hermanos Roca. Norte ofrece platillos. Unos son tradicionales y otros muy originales. Todos son sencillos de comer y de entender.

 Antes de ser cocinera, Lara estudió filosofía. Quería ser filósofa y acabó siendo cocinera, otra vocación que tenía de pequeña.

Norte cuida los huevos. Son camperos y de Calaf. Se pueden comer revueltos, fritos o en tortilla, acompañados de beicon, champiñones, verduras o paletilla ibérica. Hoy Lara nos prepara una tortilla a la francesa de un solo huevo. Es la mínima expresión de la tortilla. Parece fácil de hacer pero es difícil que quede bien. El método de Lara es básico: huevo bien batido, bien de sal, aceite caliente, que empiece a humear, y mano, mucha mano. Aquí está la técnica y la dificultad, gestos precisos que Lara realiza con una cuchara para, poco a poco, pero con ritmo, ir envolviendo la tortilla sobre sí misma.

 Cuando las cosas más simples tienen tanto recorrido es porque están muy pensadas.

 

 

Leopoldo Pomés

A lo largo de su carrera como fotógrafo y publicista, Leopoldo Pomés siempre tuvo muy claro que si algo no era divertido, mejor no hacerlo. Decía que solo desde la diversión se puede disfrutar y que sin este disfrute es imposible sobreponerse al esfuerzo que provoca el trabajo.

 El Flash Flash, por lo tanto, nunca hubiera existido si no hubiera sido un proyecto divertido. Luego, nunca se habría consolidado sin que esta diversión que sentían los fundadores la sintieran también los clientes.

Leopoldo Pomés recuerda cómo Milá y Correa diseñaron el local, un planteamiento que fue “un cop de puny”, un puñetazo encima de una Barcelona gris y clasicista. Lo importante, recuerda Pomés, “era ir a favor de la gente sin imponerle nada”. Fomentar la libertad y, al mismo tiempo, crear un ambiente en el que todo el mundo se sintiera cómodo y pudiera participar. “Ir al Flash era como formar parte de un club”, dice.

 

 

El factor humano, por Llàtzer Moix

 

Llàtzer Moix - El Flash Flash está hecho de muchas cosas. De tortillas y hamburguesas. De timbales de langostinos y arroces melosos. De flanes y torrijas. Está hecho también del rojo de los aseos y las lámparas; del blanco de las paredes, los asientos, la barra o los taburetes. Está hecho de las fotos en blanco y negro donde Karin Leiz, al tiempo que posa para Leopoldo Pomés, fotografía con flash, o simplemente ilumina, a la clientela. A una clientela que acude para comer a cualquier hora, además de para ver y ser vista. El Flash Flash está hecho de todo eso. Y es ese todo el que lo convierte en un reducto único de la cultura pop, en un local que nació con vocación desenfadada y es hoy un clásico. Que acumula ya medio siglo de vida y luce el rostro terso, sin una arruga.

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Albert Riera Galcerán

Albert Riera Galcerán (Barcelona 1995) pinta. Hace muchas cosas pero todas se resumen en la pintura. Pinta con espontaneidad e intuición. Estudió diseño gráfico porque quería huir de los academicismos pictóricos y, de hecho, no empezó a pintar hasta que no colapsó la máquina de fotos de tanto apretar el disparador.

La revista Architectural Digest acaba de bautizarlo como el “enfant terrible” de la escena artística actual. Él prefiere tocar de pies al suelo y no se casa con nada ni con nadie. Experimenta sin cesar, sobre todo en el plano de la abstracción pictórica, y podríamos decir que es un artista expresivo compulsivo. Su paleta de colores es sencilla e inocente, con una capa de nostalgia, como él mismo reconoce.

Para celebrar los 50 años del Flash Flash, nos dedica su obra:

Casi tan bueno,

Óleo sobre tela, 40 x 50 cm

2020

Mi menú en el Flash: Tortilla Panadera, 2 Croquetas de Ceps y Coca-Cola

 

 

 

Federico Correa

Texto de Xavier Mas de Xaxás - El fallecimiento de Federico Correa, ocurrido el pasado 19 de octubre en Barcelona, ha tenido un fuerte impacto. No sólo en la arquitectura sino también en la cultura y la sociedad barcelonesa. Pocos arquitectos dejan una muestra tan amplia de su talento en la ciudad.

Federico Correa y Alfonso Milá formaron un tándem puntero en la arquitectura española durante la segunda mitad del siglo XX, como destaca Llàtzer Moix en La Vanguardia. Para Correa, la arquitectura, según recuerda moix, “era un servicio a la sociedad” y “si no lo es, es deleznable”.

Correa y Milá diseñaron el Flash Flash, “su obra más contundente y atrevida”, según opina Juli Capella en El Periódico. Capella repasa buena parte de los edificios que ambos levantaron en Barcelona, como el rascacielos Atalaya (1971), que ya estaba medio hecho cuando el Ayuntamiento los llamó para que salvaran un proyecto muy mediocre y que ellos, según Capella, supieron vestir con la elegancia de la arquitectura italiana de entonces.

El estadio y el anillo olímpico también llevan su firma, y Capella no deja de comentar lo muy mal que le supo a Correa “el petardo” que Calatrava logró colocar en el centro de aquel espacio emblemático.

Anatxu Zabalbeascoa publicó en El País la que fue la última entrevista con Federico Correa. La hizo varias semanas antes de su muerte, pero la publicó el día antes. Es una entrevista que pone más peso en la vida personal de Correa que en su trayectoria profesional. El título es una reflexión de Correa que debe mucho a su amigo el diseñador Miguel Milá: “Cambiar no es necesariamente mejorar”.

Correa consideraba que la innovación estaba sobrevalorada porque, en muchas ocasiones, no conducía a nada mejor. Antoni Ribas, en el diario Ara, destaca cómo se resistía a verse influido por las modas. Y fue gracias a este esfuerzo que muchos de sus proyectos envejecen muy bien porque son intemporales.

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Pau Solá-Morales, director de la escuela EINA

Yo soy de una generación más joven, los hijos de los hijos del baby boom, y a nosotros ya no nos apelan los recuerdos de los primeros días del Flash Flash. Si acaso, son los recuerdos de nuestros padres y tíos.

Con los años, a medida que aumentaba nuestro poder adquisitivo, hemos ido frecuentado esos locales y descubierto su grandísima calidad. Ahora, las sucesivas restauraciones y mejoras han ido borrando paulatinamente ese pasado. Pero a cualquier conocedor de las modas, el interiorismo y la cultura de los años 60, el local le recordara esos momentos de atrevimiento y modernidad, plasmados en los sofás y las mesas de fórmica blancas, y las fotografías de la pared. Me pasaría horas admirándolo...

No es un local cualquiera, y sigue teniendo mucho de esa modernidad, que sus propietarios han ido reforzando con un servicio y una comida simple y de calidad.  Esa es la marca de la casa.